Las rosas son rojas.
Hoy te regalé una rosa roja, es roja porque es una rosa y es rosa porque así fue que germinó, germinó porque alguien o algo hizo que germinara y de ésta manera fue ella la que dio en mis manos que solamente la sostendrían un lapso muy corto de tiempo, porque, para mi agrado, eres tú quien la aceptó de mis manos.
Eso me alegra, la aceptaste y vi tu sonrisa, hermosa como siempre, algo más de lo que puedo decir de la rosa, que aunque tenía un poco de belleza, no era más hermosa que siquiera tu sonrisa. Así de hermosa es.
Las rosas son rojas, tus (seductores) labios también, ¿cómo podría decirles que no cuando llaman a las puertas de la pasión? No podría, así de simple.
Por eso sé que las rosas son rojas, porque si no fueran rojas es probable que no fuesen rosas y si no fueran rosas no te las habría regalado y tú, por ende, no las habrías podido aceptar, lo cual me dice, por consiguiente, que si fueran rosas rojas es probable que las aceptaces si viniesen de mis manos con mis humildes y sinceras intenciones.
Tus labios son rojos, pero tus increíbles ojos no lo son, porque tus ojos me inspiran algo distinto, pero al mismo tiempo contemplo la misma belleza en cada centímetro de ti así como la veo en tus labios.
Tus labios son rojos, y así me encantan.
El amante de las flores. Charles Bukowski
ResponderEliminarEn las montañas de Valkeri
entre los pavorreales que se pavonean
encontré una flor
tan grande como mi cabeza
y cuando me estiré
para olerla
perdí el lóbulo de la oreja
parte de la nariz
un ojo
y la mitad de la cajetilla
de cigarrillos
regresé
al siguiente día
con la intención de cortar
aquella maldita cosa
pero la encontré
tan hermosa
que mejor
maté un
pavorreal.