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7.28.2015

Escritura improvisada #10

"Run, motherfucker run" decía el cantante digital, el chillido del conductor del metro de fondo, luces afuera fondo negro.
En mi asiento de plástico duro, a lado de una mujer pensando en la terrible decisión que tomó, puede que hace años o hace unos minutos. Aquel hombre sonriente también escuchando música, el joven cansado, dormitando en su asiento, el señor con varias décadas encima por fin regresando a su casa, la voluptuosa pelirroja, cabello tan largo que se nota la mano de gato en el color.
Por fin mi estación, sin murmullos humanos, sólo máquinas.
En el cielo no hay estrellas, en el suelo unas pocas.
El joven deportista cargando hasta los tenis.
"Bishoujo senshi" en mis oídos, esperas el bus, esperamos.
Tonos de azul
Humo de cigarros
La gente espera de diversas formas, escuchando música, leyendo, platicando con alguien, ya sea en persona o por medio del teléfono móvil, contemplando sus alrededores,
esperando.

8.31.2011

La ciudad de oro y pescado

Los gatos no eran bienvenidos, nadie acostumbraba recogerlos de la calle, siempre prefería la gente comprarlos de una tienda de mascotas, a inflados precios como el estómago del dueño.

Minino había cruzado terrenos peligrosos, hacia la ciudad prometida, la ciudad de oro y pescado le decían. Eran puras patrañas, el oro debía estar bajo el asfalto, porque todo lo que veía era gris, excepto por el sol que miraba desde lo alto. El pequeño Minino sabía que lo primero que debía buscar era comida, el refugio siempre podía ser encontrado en un hueco o un rincón. ¿La ciudad del pescado? Nunca había recorrido tanto trayecto sin siquiera ver una gota de agua, y mucho menos el mar o siquiera un lago, esa ciudad estaba tan árida como lo estaría Marte en su peor momento.

Mientras caminaba, el gato extranjero miraba con extrañeza cada rincón de lo que sería su nuevo hogar, entonces alguien, con un miedo irrefrenable hacia los gatos, le lanzó con saña y premeditación un enorme balde con agua, con la firme intención de lastimarle; el pequeño Minino pareció salir bien librado, pero al saltar para esquivar el proyectil improvisado, chocó de costado contra un parquimetro, pero olvidando el dolor por un momento, salió corriendo del inusitado escenario hacia un callejón en el cuál creyó se encontraría con bien por un momento, para descansar y relajarse un poco en lo que seguía con su búsqueda de alimento.

Estaba oscureciendo y decidido a encontrar comida, subió al techo de un edificio de departamentos, desde el cual disfrutó del anochecer de la gran ciudad, mezclada con los rojos violetas y naranjas del paisaje celeste que en ese momento les era dado.

Oscureció, el día aún no terminaba y Minino no sabía dónde refugiarse de la fría madrugada que amenazaba con llegar en unas horas. Buscando entre callejones, encontró un rincón delicioso donde podría dormir, era su rincón ahora y nadie vendría a quitárselo, o eso creía él.

Un gato anciano se acercó a Minino, era gris y apenas se podía mover con facilidad, cuando el pequeño felino le divisó a una cierta distancia, se acercó a él y le ofreció compartir el lugar donde pensaba dormir.

El gato anciano dijo: "Gracias por ayudarme, parece que aún quedan gatos decentes en éste mundo"

"No es nada" respondió Minino, "ahora dígame ¿tiene un hogar al cuál ir?"

"El mundo es mi hogar, pequeño" replicó. "Sigo pensando que yo soy el más increíble gato habido y por haber, y que, toda palabra mía es digna de respeto"

"¿A qué se refiere exactamente?" Preguntó el felino inocentemente.

"Yo era el gato más famoso de la ciudad, todos me hacían reverencias al verme pasar, incluso había algunos que me alimentaban sólo por el placer de escuchar mis ideas" Dijo con orgullo el anciano. "Primero les decía que todo en éste mundo debía ser dudado, y ¿por qué no hacerlo? somos seres humanos, después me daba cuenta de mi existencia, porque debía existir si estaba pensando, en ese momento me di cuenta que mi cuerpo material era inútil, que mis sentidos fallaban y que, por ende, sólo mi mente no falla, es en ese momento en que dije, éste mundo es perfecto tal cual, no cabe duda que hay un Dios perfecto y que lo ha hecho, y llegando a éste punto..."

El pequeño Minino lentamente se levantó del lugar en el que se había acomodado, y corrió, corrió lo más rápido y lejos que pudo ¿cómo era posible que aún existieran ignorantes de ese calibre? pensaba.

Encontró un buen sitio para dormir debajo de la puerta (trasera) de un restaurante, ahí encontraba la comida necesaria para descansar esa noche y mejor aún, sin locos que sermonearan y se jactaran de cosas increíbles cuando lo único que habían hecho era confundir a la gente. Por fin, después de vaciar su mente de todos esos pensamientos, durmió.

El día siguiente era importante ¡seguía vivo en la gran ciudad después de todo!
Buscando y buscando no encontró un solo lugar donde regalasen pescado como si de aire se tratase, era extraño ¿por qué le habían contado tantas cosas asombrosas de ese lugar, y, hasta ahora, ninguna era cierta?

Caminó todo el día buscando la razón de tantos cuentos, con su estómago satisfecho no podía hacer otra cosa más que buscar. Entre las casas, en los callejones, en los tejados, plazas y estacionamientos, y nada, no encontró nada.

Ya por la noche, se quedó en un tejado que encontró confortable, y se dió cuenta de la realidad, ese lugar era antinatural, no había nada natural, miraba el cielo nocturno y no había nada ¿a dónde se habían ido las estrellas? Fue entonces que se convenció a si mismo, ese no era el lugar del que le habían contado. A la mañana siguiente buscó un camino para salir de esa ciudad, gris como la piedra, y buscar esa ciudad donde las calles eran de oro y había pescados por doquier para comer hasta satisfacerse.

















4.09.2011

Crónicas (inmóviles) de un caminante.

Crónicas (inmóviles) de un caminante.

Encontrábame a solas en mi (no tan grande) refugio, era una de esas ocasiones en que piensas que tendrás todo el lugar completo para disfrutarlo como más te agrade, pero pronto descubres que es inútil cualquier intento, la soledad te alcanza con sus largos brazos de tibieza indescriptible, ésta vez el viaje sería muy corto -pensaba para mi- y no duraría más que un pequeño parrafo en realidad, por tanto decidí comenzarlo con el inicio del día.

Despertóme el golpe fuerte de la puerta al cerrarse, alguien había salido y no tenía idea de quién, opté por encender la televisión (que era el objeto más cercano a mi) para verificar la hora, acto inútil, los canales de hoy en día no se toman la molestia de poner un maldito reloj en una esquina del cinescopio.

Tomé mi teléfono móvil y miré la hora, 8:15 hrs. era aún (muy) temprano, tendría que dejar pasar el tiempo de alguna manera, leer quizá, pero Berkeley definitivamente vivía en las nubes y me parecía un poco difícil charlar con él sin una guía, total aún tengo un poco de tiempo en lo que las preguntas abordan mi mente.

Dibujos animados, mujercitas, vampiros, todo estaba ahí y lo único que faltaba era que los tomase, primero los dibujos, eran entretenidos en cierta medida, pero no mucho realmente, mujercitas, estaba ahí, esperando, era cuestión de tiempo. Terminé. No era tanto, estuvo bien, no es de mis favoritos pero al menos se gana un puntaje de siete sobre diez.

Ahora descansar un poco, estoy cansado, pero después seguirá Carmilla, un nuevo reto para mi.

Debes saber una cosa, la soledad nunca se va, siempre está ahí, pero en ocasiones, te sonríe y se oculta entre la multitud para dejarte disfrutar de los placeres más dulces de nuestra vida.


3.31.2011

Crónicas (calurosas) de un caminante.

Crónicas (calurosas) de un caminante.

Salí de mi refugio, para poder dirigirme hacia mi destino (lugar), eran cerca de las trece horas del mediodía, por tanto hacía mucho calor, intenté irme lo más apegado del camino de agua que pasa cerca del refugio.
Daba igual, era inútil, el verde alrededor del azul sólo lo hacía absorber más y más luz solar ¿quién necesita tanta luz?
Seguí subiendo la calle hasta que se puso al nivel normal de las demás calles, entonces solamente avancé. Iba un tanto distraído, la música estaban en mis oídos y no podía hacer nada más que caminar, el camino era medianamente largo, pero ya lo conocía de memoria, cientos de veces que pasé por ahí y está vez era una más de ellas.

Buscando sombras de árboles, techos, postes, vehículos automotor, toda sombra es sana, oportuna y divina, no hay nada como esconderse del sol bajo la protección de un objeto (mucho) más grande que vos.

Llegué a mi destino, era entretenido sentir el viento fresco que salía de ese lugar al abrir la puerta (porque solamente podía abrir una, la otra estaba atascada), ¿sabes una cosa? no vuelvo a ir a esta hora, es horrible y siempre termino cansado o con la cabeza (super) caliente, y dijeras tú había gente afuera, no, apenas si las veías en sus vehículos tratando de llegar a sus hogares para poder comer.

Lo bueno, lo mejor, lo delicioso de todo el viaje fue, que al volver, me esperaba un exquisito plato con espagueti digno de un rey, y por supuesto que lo acepté y degusté.

Moraleja: Siempre debes fijarte a qué hora sales a la calle, nunca falta el troll que desee deshidratarte con sus dañina luz blanca y rayos UV.

3.18.2011

Crónicas (sin sentido) de un caminante.

Crónicas (sin sentido) de un caminante.

No es como me lo habían dicho.

Paséandome por las pequeñas y acogedoras calles del centro de la ciudad, me contuve a admirar cómo la música me guiaba a través de ellas, era fascinante cómo parecía que la ciudad escogía las canciones de tal manera que pudiera disfrutar de mi larga caminata.

Vi de todo, jóvenes, adultos, niños, ancianos y de todo tipo de vestimentas. Lo interesante es cuando encuentras lugares para los que dices "después vendré a comer aquí", que en ésta visita encontré unos dos o tres lugares de los cuales me interesó mucho el entrar, pero éste no era el momento, quizá lo haga en otra ocasión y ésta vez iré acompañado. ¿sabes?, es divertido caminar por esas calles medianamente transitadas por peatones despreocupados, pero siempre es más divertido poder comentar los lugares, los edificios, árboles, nubes, callejuelas, paredes, puertas, semáforos, ladrillos, ventanales, anuncios, vehículos, personas y demás. Siempre es mejor acompañado.

En mi pequeño recorrido encontré que extraño algunas cosas, no tan importantes realmente, pero me gustaría volver a experimentar.

Entré al mismo lugar en dos ocasiones y siempre con el mismo propósito, obtener lo que había venido a buscar, es curioso cómo cada grupo de personas tiene adjetivos calificativos, motes, apodos para los que considera raros o distintos de los suyos, lo más curioso es que esos grupos de "raros" tienen motes para los que les han dado apodos a su vez. Nadie se salva.

Una vez adentro me entretuve mucho viendo, leyendo, viendo y por fin preguntando. Hubo quienes me miraron de manera extraña, considerandome extravagante, chicos y chicas volteaban a verme y no reconociendome como alguna amistad, optaron por dejar de ponerme atención, cosa que yo también hice.

La primera vez que me paré ahí, pregunté en un par de locales, para lo cual solamente uno de ellos me dio santo y seña de quién me habría de ayudar en mi búsqueda, los demás no tenían ni idea y mucho menos lo que venía a buscar.

Me dirigí pues, hacia otro lado que por un momento recordé que podría serme de ayuda, puesto que el local del cual me dijeron tenían mi preciado tesoro no habría acceso a él hasta después de aproximadamente una o dos horas más. Caminé y conocí un poco más de la ciudad, una calle en particular, olvidé el nombre, nunca soy bueno con los nombres, pero si me preguntas cómo llegar te diré qué hay exactamente, soy por un momento como un GPS que no dice el nombre de las calles.

Llegué a mi destino y cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de que ése lugar ya no existía, una lástima, estaba bonito aunque los precios de los alimentos realmente no considero que valían la pena. Hacía mucho tiempo que no paseaba por ahí; me dirigí pues hacia otro local dentro de otra plaza comercial situada a unos cuantos pasos de una plaza pública en remodelación con la estatua de cierto "héroe nacional" (ya le ponen una estatua a quien sea). Otra sorpresa más en éste día, las puertas de la plaza estaban cerradas, aún se veían locales con sus productos esperando a ser vendidos. Fue cuando recordé otra plaza (si, cierta sección del centro de la ciudad la conozco bien por mis constantes paseos en busca de algún disco compacto musical o alguna otra cosa) que estaba cercana a ésta última. Caminé y de pronto me llamó un poco la atención cierta librería con una mesa en la parte de afuera en la que vendían algunos libros puramente comerciales, de esos que ciertas personas se dejan engañar.

Entré a la plaza comercial, ésta era de tres pisos y los recorrí todos en busca de algún local en el cual me pudieran dar informes o el objeto por el cual estaba haciendo mi pequeño y divertido viaje. En ésta ocasión no encontré nada que pudiera ser de utilidad. Cuando estuve a punto de rendirme, me senté frente a una de las entradas de la plaza comercial y casi me vino de golpe, había olvidado un lugar en el cual podía estar seguro encontraría algo. Fui hacia allá.

¿Sabes una cosa?, quiero uno de esos posters que vi en el segundo piso de una plaza, me encantó, y ya hasta sé dónde lo quiero colgar. Aunque también quiero una de esas computadoras que vi en el primer piso de la plaza, extraño tener una máquina qué cuidar. Tenía ganas de uno de esos aparatos de doble pantalla con los cuales poder jugar y también navegar, bendito sea el WiFi.

No encontré nada, volví a atraer miradas, y de la misma manera se apartaron de mi; vi un par de tragamonedas con cierto videojuego que hace mucho quiero volver a jugar. Miré el reloj de mi teléfono móvil y noté que ya casi pasaba el tiempo aproximado en el que me iban a poder atender en el primer sitio al que fui. Resolví caminar hasta allá de nuevo.

Llegué y había un par de locales más abiertos de los que había la primera vez que fui, y tampoco me podían ayudar en mi búsqueda, entonces opté por sentarme frente a una de esas mesas y esperar un rato hasta que abrieran. Miré y miré, está vez se me antojó una mochila de esas que vi, aunque fue difícil la decisión puesto que las ilustraciones de dos de ellas eran mucho de mi agrado, pero por fin escogí una, aunque me hubiera gustado poder adquirirla, sólo tenía el dinero para el objeto de mi caminata.

Pasaron unos diez o quince minutos más y por fin abrieron el local del que me habían hablado anteriormente. Me acerqué con el señor que atendía y adquirí lo mio. Después de guardarlo cuidadosamente en mi mochila me quedé unos minutos mirando la demás mercancía, maldita sea, quería algunos de los objetos que ahí vendían pero ésta vez no había cómo.

Fue así cómo entonces decidí volver a casa, sin contratiempos y con mucha música en mi mente. Dejando la siguiente aventura para dentro de un par de días más.

9.16.2010

El cielo

El cielo es tan inmenso,
¿por qué no me acompañas a visitarlo?
Tomémonos de las manos y volemos hacia
el infinito mar de peces luminosos
que aguardan ansiosos nuestro arribo.


Vístete de blanco y vísteme de carmesí,
volemos juntos al mar de ilusión y paz.






G. Caleb R. H.