El niño que intentaba acurrucarse junto a la luna pero no podía.
Ese niño insistía e insistía, no había nada que lo hiciese desistir de su ardua empresa, continuamente ideaba raras y cada vez más complejas formas de intentar llegar a la luna, desde que la vió, esa cálida noche de verano, un vigésimo tercer día de julio, se enamoró de ella, e intentaba alcanzar un lugar en el firmamento en el cual pudiese encontrarse lo más cercano a ella.
Cada vez era más complejo el sistema a utilizar, primero intentó atarse a una bala y dispararla desde un cañón, en otra ocasión intentó crear una honda tan grande que pudiera lanzarlo a él dentro de una cápsula en forma de burbuja para llegar y ser llamado "la luna de la luna".
Arribó el gran día, se le ocurrió el mejor plan de todos los habidos y por haber, era tan astuto y considerablemente realizable que no tenía duda en que dormiría a lado de la luna ésta misma noche. Magnífico era el plan, lo que tenía qué hacer era esperar a que la luna llena tomará su máximo esplendor, y en ése preciso instante, fijar en su mente a su luna tan amada, y entonces, saltar con todo lo que podía.
Hoy en día sabemos que hay un conejo en la luna, porque él lo dibujó.
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6.14.2011
5.29.2011
Mis estaciones.
Mis estaciones.
El amanecer de un día de primavera es estresante, las personas con alergias mueren a causa de ello, todos los demás simplemente los vemos pasar como si nada, hay regiones donde no existen épocas de lluvia, en lo personal es una introducción al verano.
Los días de verano son especiales, porque todos son molestos y hartantes, por eso, cada vez que puedo, salgo con la chica que me gusta, le tomo su mano, la beso, y si me es posible, también la abrazo. Es gracioso cómo las personas les gusta hacer pequeñas rutinas en sus vidas medianamente predecibles, ¿te lo había dicho? Espero no aburrirte ¿sabes? es porque no tengo muchas personas con las cuáles platicar, mejor hagamos ésto, cuando no estémos hablando nos besamos y cuando nos besemos hagámoslo apasionadamente.
Las tardes del otoño son entretenidas, puedes poner las hojas que caen en donde haya tierra para que sirvan un poco como abono, pero, también es entretenido jugar a no pisar ninguna, es todo un reto que siempre estoy dispuesto a aceptar, aunque lo pierda muy seguido.
En invierno las noches son increíblemente mágicas, puedes ver cómo la luna se esconde entre los desnudos árboles y el frío convierte ese rocío de la mañana en hermosos cristales de hielo, me encanta salir contigo en invierno, porque podemos visitar distintos lugares, y casi como por arte de magia, son más hermosos, más interesantes, más divertidos, y, en general, poseen más magia que lo harían normalmente en cualquier otro momento. Deberíamos de sentir el invierno más seguido, me encanta disfrutarlo contigo a cada momento.
Así es cómo yo lo prefiero.
3.09.2011
Dícese del Astro Rey
Dícese del Astro Rey.
¿Alguna vez has visto cómo el sol, rendido, cae exhausto y la bóveda celeste se tiñe de diversos tonos de azules combinados con la obscuridad del espacio?
Después de una ardua lucha que dura horas sin detenerse, para que, al fin, se rinda y, a manera de recompensa, las estrellas comienzan a titilar con su blanca y pequeña, pero no menos hermosa luz.
La luna, por otro lado, comienza a buscar a paso lento, a su loable amante, el sol, tardando más tiempo en hallarle, pero en el momento en que se encuentran, danzan, danzan de una manera tan majestuosamente hermosa que a todos nos han de dejar sin palabra alguna en nuestras lenguas, danzan por escasos (pero parecen eternos) minutos en el azul cielo, para que todos presencien, pero discretamente las miradas deben ser escondidas tras ciclópeas máscaras de ojos oscuros.Será mejor no verles bailar, por más bello que puedan llegar a ser sus precisos pasos.
De vez en cuando, en ciertas y predecibles ocasiones, un visitante muy galante llega a nuestra inmensa bóveda celeste, presumiendo su incandescente rastro de fuego y luz que le sigue de muy cerca, siempre su paso es permitido por el Astro Rey, y también ¿por qué no? por su amante, la del rostro de plata y luz.
G. Caleb R. H.
¿Alguna vez has visto cómo el sol, rendido, cae exhausto y la bóveda celeste se tiñe de diversos tonos de azules combinados con la obscuridad del espacio?
Después de una ardua lucha que dura horas sin detenerse, para que, al fin, se rinda y, a manera de recompensa, las estrellas comienzan a titilar con su blanca y pequeña, pero no menos hermosa luz.
La luna, por otro lado, comienza a buscar a paso lento, a su loable amante, el sol, tardando más tiempo en hallarle, pero en el momento en que se encuentran, danzan, danzan de una manera tan majestuosamente hermosa que a todos nos han de dejar sin palabra alguna en nuestras lenguas, danzan por escasos (pero parecen eternos) minutos en el azul cielo, para que todos presencien, pero discretamente las miradas deben ser escondidas tras ciclópeas máscaras de ojos oscuros.Será mejor no verles bailar, por más bello que puedan llegar a ser sus precisos pasos.
De vez en cuando, en ciertas y predecibles ocasiones, un visitante muy galante llega a nuestra inmensa bóveda celeste, presumiendo su incandescente rastro de fuego y luz que le sigue de muy cerca, siempre su paso es permitido por el Astro Rey, y también ¿por qué no? por su amante, la del rostro de plata y luz.
G. Caleb R. H.
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