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6.20.2016

Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos.


(Nota: Éste trabajo lo realicé en noviembre del 2011, lo estoy publicando sin revisión o correcciones nuevas. Luego que tenga tiempo le doy una revisada decente.)

Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos.

Biografía

Nace en Zamora, Michoacán, el 5 de agosto de 1745. Estudia en el Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México e ingresa a la Congregación de San Felipe Neri en 1764. Es nombrado procurador de la Congregación y viaja a España, Portugal y Roma. Obtiene su Doctorado en la Universidad de Pisa y es admitido como miembro de la Academia de Ciencias de Bolonia. A su regreso a México, es rector y catedrático de filosofía en el Colegio de San Francisco de Sales, en San Miguel el Grande. Es destituido de la rectoría y de su cátedra de filosofía, y nombrado prefecto de estudios, cargo que también perderá debido a sus posiciones intelectuales y a su posesión de libros prohibidos. Muere el 1 de noviembre de 1783.


Aportación filosófica

Es por algunos (o quizá más de los que pienso) considerado como el personaje que ayudó a introducir el pensamiento moderno en lo que hoy conocemos como el territorio mexicano, dandole una cierta sensación de libertad o independencia en relación al pensamiento español, el cuál fue el gobernante en éstas tierras. Y no solamente el pensamiento moderno que se estaba adueñando de el viejo continente, sino que también podríamos decir que con aportaciones nuevas, quizá no frescas, pero nacientes en América y no en Europa.


Tercer error del entendimiento humano: Acerca de la moral.

No querer escuchar la verdad. En éste error de la moral, Díaz de Gamarra arremete contra los dogmáticos, aquellos que no escuchan otra opinión que no sea la misma que ellos tienen, lo cuál me ha parecido curioso, puesto que creo que él mismo ha cometido éste error a lo largo de éste error relacionado con la moral. Está por demás decir que Gamarra tiene fuertes influencias de la religión que practicaba, porque se nota en su escrito, a lo largo de su discurso en contra de los errores que él “detecta”.

No querer decir la verdad. Mitómanos, a ésto se refiere él, aquellos que mienten por el simple hecho de hacerlo y que aunado a esto educan a sus hijos para que se comporten de la misma manera. Considero que, aunque si son un problema aquellas personas que padecen de éste trastorno, no creo que Gamarra se haya encontrado con muchos de ellos, entonces, puedo llegar a una precipitada conclusión algo simple, descubrió la doble moral que abunda en las religiones cristianas e incluso en algunas otras ajenas a ésta cultura. Supongo que pudo haber pensado demasiado bien de ellos (al considerarlos como mitómanos y no como doble moralistas) o que llegó a la exageración, en cualquier caso creo que debió analizar más el comportamiento de las personas de las cuales está hablando, si es que se refiere a gente en particular o en general respecto del lugar donde habitó, pero, si lo escribió simplemente de manera “abstracta” o “ideal” entonces no le puedo dar tanto credito a éstas cuestiones de las que habla.

No fiarse de nadie. Aquellos que tienen una profunda desconfianza de las demás personas, otra vez, llegando a los extremos, aunque, tampoco creo que esté generalizando, puesto que al hablar de las personas que no depositan su confianza en nadie se puede decir que esas personas tienen (como motivo hipotético o tentativo) una perspectiva maligna de la naturaleza del ser humano, éste que siempre busca una oportunidad para aprovecharse de los demás e incluso hacerles daño de manera más grave.

Fiarse de todos. El lado contrario del anterior error, es la excesiva confianza en la gente, que, a mi parecer es lógico que denote una creencia de la naturaleza del ser humano como bondadosa y buena por sí misma. Es en éste caso cuando las personas tienden a ser más infelices puesto que al fiarse de todos habrá siempre alguien que se aproveche, no en una ocasión sino en repetidas porque el “confianzudo” nunca dejará de tener esperanza en que la persona “reconsiderará” su comportamiento y cambiará para bien (tomando los valores morales cristianos-católicos como base).

Amar a los aduladores. ¿Por qué adular? Vino a mi mente después de leer éste error moral, considero que es muy simple la respuesta, desde mucho tiempo atrás ha existido aquél personaje que trata de aprovecharse de los demás para beneficio propio, y, como no todos sufren del cuarto error moral, se recurre a la adulación, todos queremos ser adulados ¿por qué no? Que reconozcan como valioso nuestro trabajo o nuestros actos, y hay algunos quienes quieren adular, ¿para que trabajar cuando puedes persuadir a alguien más para que lo haga por ti mediante el uso de bellas palabras que llegan al corazón y cegan a la mente? A Gamarra le hace ruido mucho el asunto de la adulación (y el siguiente error en lista también) por una sencilla razón, las creencias cristianas fomentan la humildad como base del comportamiento de los fieles (tanto en la católica como en la cristiana y también la protestante) y ésto hace comprensible que el autor ataque ésta práctica en ocasiones muy común.

Por ser estimado, hacerse ridículo y odioso. Como mencioné en el punto anterior, Díaz de Gamarra incluye éste error moral en su lista por la misma razón que el anterior (la humildad), además de otros pecados como lo son la vanidad y la mentira, que son usadas para éste mismo fin.

Querer ser amado de todos, y no amar a nadie. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” menciona Jesucristo en algún pasaje de la biblia, y ésta es, supongo yo, la principal razón por la cuál Gamarra incluye éste error en la lista. También será por lo mismo que existen los aduladores, que son los falsos amantes y compañeros (amigos, familiares, etc), lo cuál viene a recaer en lo que sería la doble moral o falsa moral (dependiendo) y de ésta forma encontrar ese delgado e invisible hilo rojo del destino que conecta los errores morales que en sus palabras describe el autor.

Querer los cargos y no las cargas. Típico de toda la humanidad, a casi todos nos gusta disfrutar de la vida, tener dinero, otros fama, poder y la mayoría quieren todas las anteriores, pero, como bien se sabe, un cargo público, o bien, un cargo importante (ya sea una empresa, familia, grupo, etc) conlleva ciertas responsabilidades de más peso que las de los subordinados (o los demás en general). Aquí lo podría comentar Benito Díaz de Gamarra por el hecho de que Jesucristo era el hijo de dios (y a su vez era dios) y muchos podrán decir que él no merecía ser crucificado (lo cual en realidad es justo a mi modo de ver puesto que no hizo nada que no fuera humano, rebelarse contra la religión dominante al tratar de desinstitucionalizarla) pero de hecho para eso mismo nació en la tierra, no para pasearse y darle palabras de ayuda a sus escasos allegados o de las pocas ciudades que visitó, sino para cumplir con las órdenes de su padre (dios) y morir para limpiar los pecados de los anteriores, contemporáneos y futuros habitantes de la creación divina.

No procurar que haya doctos ni estimar a los que hay. Ésto va para todos, siempre terminamos por gritarle a aquellas personas que nos ofrecen un consejo de buena manera con algún tipo de calificativo despectivo (bueno, no es en general ni todo el tiempo).  Ésta actividad se da más en tiempos modernos (creo yo) puesto que ahora los consejos que se escuchan son de personas que tienen algún tipo de poder ya sea político o monetario y no de las personas que verdaderamente merecen ser escuchadas y sus palabras puestas en práctica. Esa vieja costumbre de escuchar a los ancianos platicar de sus experiencias ya creo yo está en desuso y es un perfecto ejemplo de lo sucedido desde hace décadas sino es que siglos.

Buscar a los doctos después de muertos. Va de la mano con la anterior, puesto que no se les busca en vida pero si cuando ya no existen como seres vivos. Suele pasar no sólo con filósofos, profesores, sino también muy frecuentemente con poetas, músicos y escritores.

No querer tener hijos sanos ni valerosos. Se refiere principalmente a los padres consentidores y/o con buen estatus monetario, por lo cual no importa mucho qué tan bien educados estén (más bien que los padres no suelen preocuparse por ellos). Relacionada con el error de los cargos y las cargas, un padre así como un profesor tiene un arduo trabajo por hacer en cuanto a la instrucción de los hijos o alumnos. Incluso ya casi al final de sus palabras, marca un pequeño detalle que puede ser importante después, está en contra de que las mujeres usen la cotilla, puesto que les hacen daño a sus cuerpos con él (como los zapatos de tacón altísimos hoy en día) y no es útil o necesario más que por moda. Denotando la inútilidad de ciertos artilugios para moda o como parte de ese gran revoltijo de reglas que se usaban y usan para sentenciar quienes son buenas o malas personas dentro de una sociedad determinada.

No querer tener hijos ni hermosos ni sabios. Otro fuerte regaño para los padres de su tiempo, al igual que el anterior, en éste también se dirigen sus palabras especialmente hacia los padres, aunque a mi parecer ésta ya concede más a la vanidad de verse “bello” sin algún tipo de “imperfección” en sus rostros. Así mismo también exhorta a que los padres hagan que sus niños amen los estudios, para que su trabajo no se les haga pesado y de ésta manera disfrutar del mismo y lleguen a convertirse en sabios, lo cuál para Gamarra es muy importante (ligando ésto a los puntos octavo, noveno y décimo). Crítica de nuevo las modas (y con justa razón) aunque considero que es como quejarse de que el viento es fuerte cuando sabes que no siempre el viento es así y que, tampoco lo puedes detener por ti mismo.






10.22.2010

Sobre la "guerra" contra los indios


Sobre “la guerra” contra los indios.

Nota: Utilizo el término “cristiano” refiriéndome a los cristianos-católicos y no a los cristianos-protestantes como comúnmente se hace, principalmente por comodidad y por el hecho que no toco otra religión que no sea la católica o la propia de los nativos mesoamericanos al momento de la guerra.
Nota 2: El presente ensayo fue para la clase de "Humanismo Novohispano", saludos.

Juan Ginés de Sepúlveda se basa en las antiguas escrituras cristianas para poder justificar una “guerra justa” en contra de los indios. Principalmente menciona diversas causas como válidas a la hora de hacer justa una guerra, las cuales son las siguientes: a) Repeler la fuerza con la fuerza (a manera de defensa); b) Recobrar las cosas injustamente arrebatadas (contra el robo); c) Castigar a los malhechores (en caso de impunidad o retraso del castigo por parte del estado); d) Superioridad cultural (conforme a su concepto de Derecho Natural justifica el “someter con las armas [...] a aquellos que por condición natural deben obedecer a otros”1); y la última, e) Lucha contra la herejía (si la lucha por defensa de los bienes es justa, aun más justa es contra los herejes, ya que la religión es el más alto de los bienes2).

Así mismo también, según Sepúlveda, se requiere de una legitimidad que es dada por el poder público, de ésta manera solamente un alto mando, ya sea un príncipe o una autoridad de la república pueden aprobar o hacer guerra, con la excepción de la legítima defensa.

Por otro lado, con el Probum animum considera que las acciones no son nada en sí mismas, sino que, por el contrario lo son en virtud de un fin y mediante éste podemos conocerlas y valorarlas; de aquí podemos notar la importancia del probum animum para la calificación de las guerras como justas o injustas.

Tomando lo anterior como un resumen muy pequeño de parte de la obra de Sepúlveda, tomaremos por mencionar cuál es su concepción de “ley natural” (o derecho natural), el cual se entiende como el sentido aristotélico del dominio de lo perfecto sobre lo imperfecto, dominio que tiene como fin la “elevación moral y material del vencido”3. Él mismo menciona que el hecho de “tener ciudades [...] y alguna especie de comercio es cosa a que la misma necesidad natural induce, y sólo sirve para probar que no son osos ni monos y que no carecen totalmente de razón”4 lo cuál nos indica que, además del marcado etnocentrismo y elevación de la cultura europea, también nos dice que los consideraba humanos, inferiores, pero seres humanos al fin. Otra sentencia de Sepúlveda “que el que nos parezcan tan idiotas y romos proviene en su mayor parte de la mala y bárbara educación”5 adjudicando la “estupidez” de los nativos a que no tenían una buena educación agregándolo como motivo de la “inferioridad” cultural y/o intelectual de los mismos.

La ley natural, según Sepúlveda, también regía no solamente a los cristianos, sino también a los paganos, y de esto me viene un ejemplo perfecto, es como si un estadounidense se rigiera por las leyes mexicanas, sin haber pisado suelo mexicano en su vida. Así de absurdo me ha parecido, tratando de ver el asunto desde su religiosidad, quizá de su pensamiento también, no me cabe la menor duda que ha sido, hasta cierto punto, un fanático religioso. Sacar “de la manga” justificaciones de éste tipo me han dejado una idea un tanto superficial de su pensamiento, empezando por aplicar literalmente lo que Aristóteles ha mencionado, y que para ése tiempo ya debió de haber sido refutado, además de hacer a un lado las enseñanzas de Jesucristo, siendo éstas muy importantes para una de las religiones cristianas con mayor “población” (por decirlo de alguna manera, aunque no más de la mitad sean practicantes).

El derecho natural o ley natural, debe de abarcar a todo ser humano existente y considerado como tal, todos los seres humanos son iguales en esencia, por tanto no existen jerarquías naturales, solamente las artificiales que han inventado algunos humanos para justificar sus matanzas, saqueos, esclavizaciones, invasiones, guerras, y todo tipo de actos viles y humillantes que perpetran en pos de sus creencias egoístas, etnocéntricas, nacionalistas, (fanáticas) religiosas contra seres humanos que, aunque son ajenas a sus creencias y costumbres, tienen las propias y, comúnmente no han actuado en contra de sus agresores, su único “delito” podría ser el vivir conforme a creencias, costumbres total o parcialmente distintas que los victimarios.

También es incorrecto generalizar y decir que todos los españoles que pisaron tierra americana eran igualmente asesinos, cosa que obviamente no es cierta, también había los que les defendían incluso a costa de su propia vida.

Viéndolo desde una perspectiva tanto ética como religiosa (de esa religión), es muy fácil condenar lo que ha hecho Sepúlveda, puesto que aunque tenga sus justificaciones aristotélicas, y en cierto momento asocie la guerra con la religión, como en el siguiente fragmento “la ley antigua es perfectamente compatible con la evangélica y con la natural”6 del cual podemos recordar que, en la biblia el pueblo judío comúnmente hacía guerra ya sea en defensa propia o porque llegaron a la tierra prometida por Dios y estaban ocupadas por un pueblo distinto. Si bien es cierto que los judíos hacían guerra a quién se les enfrentara, a los primeros cristianos (poco después de la muerte de Jesucristo) “solamente” les tocó sufrir de persecuciones debido a su doctrina, normalmente por los propios judíos. Cuando toma Sepúlveda éste tipo de “excusas” para hacer la guerra “a diestra y siniestra” me imagino más una manera de verter sangre sin pedir permiso o ni siquiera mandar un aviso, muy al estilo de los expresidentes estadounidenses Bush (padre e hijo). Él hace una justificación más a la hora de declarar la legalidad o ilegalidad de una guerra desde el punto de vista cristiano: “ya que todo lo que se hace por derecho o ley natural se puede hacer también por derecho divino o ley evangélica.”7
De ésta última oración podemos ver que, las justificaciones por medio de su concepción de ley natural es lo que más utiliza para defender su postura con respecto a la guerra, más que justificaciones bíblicas,

Tomando en cuenta que los nativos o indígenas tenían ciudades, una organización política, religiosa, social y militar (porque la tenían), no podríamos decir que no razonaban o que no eran inteligentes, el aspecto que, al parecer, no toma en cuenta Sepúlveda es que no existe cultura igual a otra, los orígenes son claramente distintos (incluso en aquel entonces se desconocía el origen de los nativos americanos y aun sin corroborar la información creo que hoy en día tampoco sabemos a ciencia cierta). No existe o ha existido cultura superior a otra puesto que sirva como base para poder hacer semejante afirmación; los nativos americanos tendrán menos “avances” en comparación con los europeos, pero éstos mismos tienen menos tiempo que las culturas judía, china y japonesa, y no por eso los chinos invadieron Europa para “civilizarlos”, que en el caso de América parece más una masacre por oro y tierras que una civilización de los nativos.

A pesar de las buenas intenciones de los frailes o misioneros (de mantenerlos con vida para sus propios propósitos evangelizadores) la mayoría de los hombres que llegaron a tierras americanas solamente lo hicieron por riquezas, como el oro y las tierras primeramente, además de “olvidarse” de su previa vida en España (en éste ejemplo), de no ser el caso ¿por qué muchos de los españoles que llegaron tomaron por esposas a nativas? Incluso podríamos pensar que llegaron a tener más de una esposa en distintos lugares como hizo Hernán Cortés en su estadía en Cuba, luego en México (utilizando los nombres de hoy en día) tuvo algunas más, entre ellas Malintzin o “Doña Marina” y más conocida como “La Malinche”. Incluso llegaron a llamar desde España a algunos conquistadores por ésta misma razón, de hecho uno de los llamados fue Hernán Cortés aunque por razones distintas a la antes mencionada.

Por esto mismo, los españoles que llegaban a tierras americanas (sin contar a frailes y misioneros como dije anteriormente), tampoco se detenían a pensar en preservar culturas, lenguajes, vidas humanas. Otro sería el caso si, en vez de españoles cualquiera, hubiesen llegado hombres de letras la historia sería muy distinta (existe la posibilidad de que no quedaran vivos los extranjeros en nuestras tierras, pero además de ésta existen muchas otras posibilidades). En sí, el descubrimiento, colonización de América por parte de los españoles les trajo no solamente muchos problemas nuevos en cuanto a economía, teología, filosofía, política entre otros, sino que también nos mostró de lo que puede llegar a ser capaz el ser humano por ambición o actuar “en nombre de Dios”.

Llegando a una conclusión, habrá que comentar que las percepciones de las cosas en la mente de las personas varían (lo subjetivo) y hoy en día se ha llegado a algunos avances en cuestión de convenios, en los cuales podemos decir que no hay ser humano al que no se le considere como tal, aunque exista gente que abuse de las personas por dinero. Sepúlveda les dejaba las puertas abiertas a los españoles en lo que hoy es México y otras regiones de centro-Sudamérica para que acabaran con los nativos que se resistían o los que “simplemente estorbaban".


 Agradecimientos a Paola J. por las correcciones pertinentes.

1 Juan Ginés de Sepúlveda Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. 1° reimpresión 1979. Fondo de cultura económica, México, pág. 19.
2Íbidem Pág. 26.
3Íbidem Pág. 29.
4Íbidem Pág. 30.
5Loc. Cit.
6Íbidem. Pág. 17.
7Íbidem. Pág. 15.